viernes, 12 de septiembre de 2014

Contradicciones



La reciente circulación de los datos referidos a la reforma educativa a nivel primario en la provincia de Buenos Aires mostró un conjunto de resistencias bastante notorias por parte de varios sectores de la sociedad (un eufemismo que resume la opinión pública instalada por el discurso mediático). Crispaciones, sí, pero también duras reprimendas que parecen replicar, a nivel público, la escasa repercusión de una formación democrática abierta al diálogo y no al mero improperio y a la descalificación sin fundamentos (algo más propio de una clásica falacia ad hominem, en donde un argumento es descalificado sólo por provenir de una determinada persona sin pasar a ser discutido). Y este movimiento no puede sorprendernos: en vistas de las elecciones del año que viene, "bajar" a cualquiera de los potenciales candidatos del oficialismo es el objetivo primordial de cualquier contrincante, haciendo las mieles de los estrategas políticos que diseñan algunas campañas cada vez más reducidas a la potencia de un eslogan antes que a la contundencia de una consigna. Y que se entienda, aquí no defendemos a Scioli ni mucho menos, pero sí nos gustaría señalar algunas notables contradicciones presentes en la publicación del día de hoy (viernes 12 de septiembre de 2014) del diario La Nación.

Para empezar, la más notoria se registra al nivel de una política editorial superpuesta a una estrategia comercial: por un lado, la comunicación de la noticia se da en el mismo día en que el ejemplar de La Nación viene acompañado de la edición de un libro de Paulo Freire, Por una pedagogía de la pregunta, libro aparecido en el marco de una muy buena colección de textos teóricos que el diario viene editando desde hace semanas, acuerdo con la editorial Siglo XXI mediante. ¿A nadie le resultó raro que en el mismo diario que poseía como titular "La eliminación de los aplazos se extendería a otras provincias" conviviera con la aparición de este libro de Freire? Digo, el tono de amenaza casi propia de un contagio, de la transmisión de un virus, de un intento de reforma a nivel primario que, como mínimo, discute el funcionamiento de los aplazos, tiene sobre sí la proyección de la sombra del rostro de Freire, en elegante blanco y negro, diciendo cosas como "Este es el momento difícil, el que exige de los educadores revolucionarios imaginación, competencia, gusto por el riesgo" (Freire, 2014: 130). 

Supongamos que la reforma abre el espacio del "riesgo" -cosa que hace, tal como hemos podido ver en la respuesta surgida después de su comunicación-. Ese mismo "gusto por el riesgo" aparece rápidamente calificado por la nota de José Crettaz como "flexibilización de las exigencias de aprendizaje en la escuela primaria", colocando un término cargado de un conjunto de significados que sabemos qué representan en nuestro contexto. Crettaz, especialista en economía, ubica rápidamente un término propio de un léxico muy particular a la educación sin realizar ningún tipo de mediación, operando, en algún sentido, como síntoma de la lectura que ha imperado con respecto a esta restricción en los aplazos: ¿cómo saber si alguien es buen o mal alumno si no tiene un número dentro de su libreta?.

La colocación de una nota en el cuaderno o en el boletín, en la planilla que sea, tiene como objetivo señalar la trayectoria educativa del alumno para poder tener una idea un poco más formada acerca de qué estrategias pueden implementarse para integrar y mejorar la formación de esa persona. Evitar un aplazo en un niño de 6, 7 u 8 años es parte de evitar una estigmatización: ¿hasta qué punto ha dado resultados positivos para la formación de una persona repetir Primer Grado? Y agregamos, resultados que se refieran a la formación de una persona, no a la cuantificación de esos resultados según parámetros que, como el dinero, a veces parecen que operan sin referencia y como puro elemento simbólico, librado a un intercambio que se transmite como idea de formación a los alumnos -quienes especulan con la nota en el promedio antes que en la calidad de las clases que tienen dentro de su paso por la escuela-. 

Aquí no se debaten los contenidos, las finalidades de la educación, y sí se quiere volver a burocratizar las calificaciones, a transformar a la docencia en una tarea de tecnócratas antes que en una labor creativa y significativa para todos los implicados. En la misma nota, la columna de Guillermina Tiramonti da un poco más en el clavo al afirmar que "la resolución (la discusión del funcionamiento de los aplazos, FB) avanza, a mi criterio acertadamente, en la asignación de responsabilidades a la escuela por los resultados de su tarea". Es la escuela el espacio en donde la articulación entre los contenidos curriculares, las metodologías y la función social de la institución es debatida. Y, aún así, dentro de las escuelas tenemos a los docentes, figuras políticas con una opinión formada, que también pueden seguir o no un modelo de corte conservador o de corte progresista, y aquí no recurrimos a un eufemismo fácil para simplificar el debate, si no que abrimos la cuestión a pensar, estrictamente, el funcionamiento de la escuela en nuestra sociedad y el rol de los "recursos humanos" (para no abandonar la jerga) que la conforman, en el ahora, efectivamente en diálogo con las formas heredadas del pasado. Lo que la nota y esta profusión de improperios acríticos pierde de vista es que no se puede descartar tan fácilmente el riesgo saludable de discutir las cosas que, antes, nos parecían inamovibles.


Bibliografía

FREIRE, Paulo y Antonio FAUNDEZ (2014). Por una pedagogía de la pregunta: crítica de una educación basada en respuestas a preguntas inexistentes. Buenos Aires: Siglo XXI.    

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